Neptuno es el principio planetario de las mil caras y es especialmente escurridizo, sobretodo, porque nuestra mente no encuentra fácil describirlo con palabras. A Neptuno, el arquetipo que simboliza el misticismo en nuestra carta natal, no se le puede pensar y al que no sea adepto a estar presente a sus emociones ( lo cual suele tener poco que ver con tener elemento elemento Agua en nuestras cartas natales o no tenerla…) se le suele escapar de entre las manos, al menos en las primeras etapas de la vida. Para comprender cómo funciona Neptuno en nuestro horóscopo hace falta, no tanto sensibilidad, porosidad y empatía, como madurez emocional.  Porque, al margen de todas las seducciones astrológicas e incluso culturales populares aun hoy en día, Neptuno, también, como todo en nuestro contrato cósmico, está al servicio de la Verdad de lo que es nuestra Alma o Yo superior. Por tanto, si está funcionando al son que toca nuestro ego herido, Neptuno puede ser lo más insidioso, cruel y engañoso. Si ya en otros estadios de madurez, y tras haber descartado varias ilusiones y velos, Neptuno es la fuerza todopoderosa del misticismo de la unión sagrada con nuestra autenticidad más pura.

Una de las mejores síntesis con las que me he encontrado es la que hace Richard Tarnas en su obra magistral, Cosmos y Psique, y que voy a intentar sintetizar aquí:

“A Neptuno se le asocia con las dimensiones transcendentes, espirituales, ideales, simbólicas e imaginativas de la vida; lo sutil, lo intangible e invisible; lo unitario, lo atemporal, lo inmaterial y lo infinito; con lo que transciende la literalidad del mundo material y temporal de la realidad empírica concreta. Se le asocia con el impulso a dejar ir la existencia separativa y el control egoico, a disolver los límites y las estructuras en pro de las unidades subyacentes y los todos no diferenciados, reuniendo lo que estaba separado, sanándolo y haciéndolo completo; la disolución de los límites del ego y las estructuras de la realidad, , los estados de fusión psicológica y las intimaciones de la existencia intrauterina, el éxtasis, la unión mística y el narcisismo primigenio; con tendencias a la ilusión y al auto-engaño, el delirio, el escapismo, la intoxicación, la psicosis, las distorsiones perceptivas y cognitivas, la inflación del ego y la confusión, la proyección, la fantasía; con el deslumbramiento de la consciencia, sea este por dioses, arquetipos, creencias, sueños, ideales o ideologías; se le relaciona con el encantamiento, tanto en sentido positivo como negativo. (…)

En términos míticos y religiosos, se le asocia con el útero de la Diosa que todo lo incluye y con las deidades de la unión mística, el amor universal y la belleza transcendente; el Cristo místico, el Buda, la unión de Atman y Brahman, la unión de Shiva y Shakti, el hieros gamos o matrimonio sagrado, la coniunctio oppositorum ( la conjunción de los opuestos), la participación mística o participation mystique; el soñador Vishnu, maya y lila, el Narciso que se refleja, lo divino absorto en su propio reflejo; Orfeo, el dios de la inspiración artística, las Musas; la Sofía cósmica cuya belleza espiritual y sabiduría permean todo. (…) Aquí uno piensa también en la referencia que hacía Freud al “sentimiento oceánico”: ” una sensación de eternidad, un sentimiento de no tener límites, de experimentar un lazo indisoluble, de ser uno con el mundo externo al completo”.

Las facetas neptunianas de las que menos solemos hablar, y que solemos tender a negar o incluso a disociarnos de ellas, pues tienen que ver directamente con nuestra Sombra, son las que se asocian más al Poseidon griego tempestuoso, violento, cruel, beligerante, a menudo malhumorado y vengativo ( muy en consonancia con los otros dioses patriarcales guerreros greco-romanos), que parece estar en contradicción con muchos de los principios anteriores, pero que forman parte del mismo principio simbólico subyacente asociado con el agua, el océano, los ríos y arroyos, las nieblas y neblinas, lo líquido y la disolución, lo amniótico y prenatal, lo permeable e indiferenciado. Como dije en otro arículo hace poco, Neptuno es lo que nos salva, pero también lo que nos mata!.

Te invito a que te pongas manos a la “obra” ( como ves, vivimos en, por y para llevar a cabo una obra de alquimia psicoespiritual, todo el tiempo) y veas lo que Neptuno está realmente haciendo en tu carta natal y cómo co-creas con él, pues está estratégicamente emplazado en ella para ser, primero, tu peor enemigo y más tarde, si tú así lo elijes, tu mejor aliad@. Para aliarse con Neptuno, es indispensable haberse des-hecho de la mentalidad de Víctima a la que el inconsciente colectivo, el tribalismo y el sistema socio-cultural suelen predisponernos, pero de la que podemos elegir emanciparnos: Neptuno es la octava superior de Venus!  😉

Si necesitas un cable con tu Neptuno ( y compañía), ya sabes:    @AstrologiayArquetipos y trabajo individual conmigo.

Namaste.

Temas: Astrologia, Astrologia Arquetipica, Arquetipos, Astrologia Karmica

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